Valle del Aconcagua

«Este valle de Aconcagua es mejor y mas abundoso que todos los pasados. Tiene tres leguas de ancho por las más partes, y por otras, menos. Tiene de la syerra al mar XX leguas. Tiene ovejas y mucho mayz y algarrobales. Corre por este valle vn rrio cavdaloso. Tienen sacado los naturales XX y dos açequias grandes para rregar todas las tierras que cultiuan y sienbran. Tiene pocos yndios que no pasan de mil y quinientos. Solia aver mucha jente.»

Gerónimo de Vivar – Crónica y relación copiosa y verdadera de los Reinos de Chile (1558)

 

El río Aconcagua resulta ser mucho más que un flujo transandino que atraviesa la tierra desde la altura de los Andes hasta llegar a la costa. Desde la visión arcaica, el río es una extensión viviente de la fuente primordial de la que somos parte, un flujo de historia infinita diría Eliseo Reclus. El agua, y el río con su particular energía en movimiento parece ser una onda entrelazada al devenir humano cuyo destino final es el mismo. Estamos en resonancia permanente con el fluido vital, nuestra relación no es sólo en términos de recursos, tal como lo entiende hoy la pulsión extractivista en su lógica productiva; cualquier bloqueo en esta relación continua terminará por romper el tejido que sostiene nuestra existencia.

Hoy hablamos del avance del desierto, de la sequía, de la desertificación que amenaza la tierra norte de la región; la misma zona cordillerana de Petorca por donde pasó el Camino del Inca hasta los valles centrales bajando desde Alicahue y que sirvió como ruta a los colonizadores españoles, es hoy una zona devastada y en resistencia permanente frente a la amenaza genocida de los especuladores del agua. Esta devastación, si bien tiene razones constitutivas como la ley de privatización de las aguas contenida en la constitución del 80, es el resultado de una ruptura sistémica de las relaciones cooperativas y organizativas de la vida propia de las comunidades agroalfareras que habitaron la zona. Esta ruptura responde finalmente a un modelo de cultura patriarcal que ha terminado por fragmentar las relaciones volviéndolas funcionales a los intereses centrales del orden de dominación. En este sentido, la misma lógica que rige el desarrollo del capitalismo a escala local conforma el carácter estructural de la violencia patriarcal en pequeñas zonas rurales o provincias aledañas a la urbe donde la política sexual es regulada por una serie de códigos y prácticas conservadoras que en su extremo más radical han llegado a significar una verdadera caza de brujas para las disidencias.

El crimen de lesbodio de Nicole Saavedra, ocurrido en Limache el 2016. Su tortura, su secuestro y su silenciamiento se inscriben dentro de un mismo orden de pensamiento único que encarna un archivo de barbarie y domesticación de siglos. Un tiempo que aniquila la diferencia y opera como matriz ideológica que se extiende con la complicidad impune de las redes de control totalizante, cuyo poder consiste en invisibilizar los indicios de la violencia sobre el cuerpo a través de la “invención” de un margen que nos separa del imperio heteronomado.

Ese mismo discurso articula las imágenes que resumen la vida y separa los cuerpos que importan de los que no. Se diría que la docilidad con la que se acepta la desaparición del cuerpo es la dictadura que persiste como totalidad parcial y sustancia política de la civilización en la medida en que el odio es la expresión de la estructura patriarcal que la sostiene.

 

 

En esta sesión primera sesión a los valles interiores de la región, viajamos hasta Quillota, capital provincial, junto a Cesár Valencia Donoso, artivista y performer del colectivo Piñen; con el objetivo de observar y analizar  la manera en que las ciudades contemporáneas levantan una urbanización estratégica a partir de la progresiva aniquilación de los entornos y rutas biológicas.

A partir del recorrido por esta ciudad, que aún mantiene características coloniales, hemos podido iniciar una primera observación situada del modelo de emplazamiento urbano, así como la transformación desde la horizontal a la vertical, lo que implica una serie de estrategias (bío)políticas de ordenamiento espacial (la plaza, el río, el cementerio, etc)

Además, recorrimos algunos sectores en relación con antiguos asentamientos o lugares de enterramiento indígenas de Quillota, como el sector Sargento Aldea, Aspillaga, donde se encuentra la Feria y Centro Cultural Leopoldo Silva. Tomamos como referencia el río Aconcagua, la nueva planificación urbana y su relación con asentamientos como los de la cultura Bato, Llolleo, Aconcagua.