Caminata Quebrada Cabritería

Arte expandido: Formas de vida endémica como lucha contra la dominación capitalista

*Deriva organizada por la grupa de investigación Dé_Tour, realizada en el contexto del mes por la Tierra y contra el capital; Jornadas AnarcasValpo 2018.

El corredor biológico existente entre los cerros Barón, Rodelillo y Placeres conocido como la Quebrada Cabritería, se extiende desde la Variante Agua Santa (Ruta 68) hasta la calle Yolanda, entre los Cerros Rodelillo y Los Placeres. Su extensión llega hasta los alrededores del límite urbano de Viña y Valparaíso, desde la subida Santos Ossa y Cabritería hasta las quebradas de Agua Santa, Forestal Alto, Siete Hermanas y el Salto.

Estos datos permiten una aproximación geográfica de los llamados ecosistemas pero no bastan para comprender la unidad entre espacio e historia, lugar y habitantes; la zona de quebrada Cabritería es un área verde de gran extensión ubicada en plena ciudad de Valparaíso y que integra un sistema de quebradas que alberga el tercer palmar más grande del país, solo superado por los palmares de Ocoa al interior de la región de Valparaíso y Cocalán de la región de Ohiggins.

Para nadie es desconocida la inmensa vida que esconden las quebradas una vez que subimos o salimos de los centros de Valparaiso. Es, el encuentro con Alimapu, la vieja cuenca de todas las vertientes, las piedras y los arboles que coexisten en permanente amenaza. Para entrar en esta ruta, el acercamiento “real” es 1:1, directo y táctil, sólo así podemos reconocer las capas subyacentes a estos entornos. En la medida en que este acercamiento o expansión de la mirada nos permite re situarnos en los fenómenos directos del lugar, o al menos, percibir una porción de ellos, nos abrimos a la posibilidad de estar siendo habitados por la caótica e impermanente temporalidad de otras formas de existencia.

Este primer acercamiento situado hacia la zona de los palmares en la quebrada cabritería, nos permitió reconocer pequeños detalles cómo el entrelazamiento entre la vegetación y los desechos, el ruido y el murmullo; así como las entradas y salidas de la población humana en los contornos del sector o en alguna casa-raiz instalada a escondidas entre los arboles, ramas y cauces cada vez más reducidos.

Desde fuera, ese paisaje entre los cerros poblados de palmeras siempre ha sido una fugaz presencia borrada por la velocidad del vehiculo que nos separa y desplaza al lugar de la observación, espectadorxs del tiempo, reduccionistas del fenómeno, nos resulta distante aún nuestra propia y fundamental incidencia en esta disminución o miniaturización de los bosques, convertidos en “áreas verdes”.

En relación a esto, la quebrada cabritería es parte de un gran bosque esclerófilo autoregulado por cientos de años y que esta conectado a los valles que se acercan a la costa desde el interior. Su extensión, fragmentada por la ciudad, ha persistido a través de miles de ciclos clímaticos y ha dado forma a vidas endémicas que se resisten ante la reorganización del capital. Hasta hace muy poco, esta zona de cabritería corría el riesgo de desaparecer bajo el influjo de las redes del IIRSA ( red de infraestructura totalitaria que se extiende por abya yala, constituyendo el mayor re-ordenamiento territorial desde la colonia). Atravesando la quebrada, se pretendía construir el último tramo de la carretera destinada a fomentar los servicios portuarios y logísticos del T2 Valparaíso.

Recientemente, y a través de una larga confrontación por parte de los vecinos del sector y algunas organizaciones que han decidido defender este pequeño reducto de vida, el valor de este suelo a cambiado hacia el de una “Área verde urbana”. Frente a esta nueva forma del valor capitalista, el área verde urbana estimula la creación de parques, pequeños cortes del paisaje regulados por leyes y que suspenden el natural avance de los bosques.

La naturaleza de estas relaciones ecologicas pertenecen a un ritmo que ha terminado por separar el mundo en múltiples tiempos en contra dicción, olvidando el pulso subterráneo que sostiene, no sólo nuestra presencia en la tierra, sino la vida misma.

La Palma (jubaea chilensis), es uno de los últimos vestigios de una basta biodiversidad cuya presencia se extendía en los valles costeros desde el Limarí al Maule, junto a el espino (acacia caven), el boldo (peumus boldo), el chagual (puya chilensis); herbáceas y pequeños musgos adheridos a las rocas, son parte de las últimas formas endémicas de este bosque colonizado y reducido a márgenes urbanos, reificación de las formas de vida, valor de suelo, no-relación entre el animal humano y el tiempo de los palmares.

Escritos a la deriva, Otoño 2018.

 

Mapa realizado por el artista visual Iván Rivera, investigación en curso sobre la Persistencia de la Palma. 2017-2018

 

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